El recuerdo de tu presencia me
hace sentir vacía. Vacía de emociones, sensaciones, sentimientos, esperanzas,
felicidad.
Volví a percibirme una vez más y
me encontré entre las sábanas, pensando en tus manos, en tus palabras, en el
aroma de tu piel, en tus besos infinitos, en tus labios tiernos, en tu tacto
suave, en tu cuidado pasional. Me encontré estremeciéndome entre la sensación angustiante
de tenerte e imaginarte sobre mí, dentro
de mí.
Te hable, como si me escucharas,
como si realmente estuvieras dentro mío, como si nunca nos hubiéramos separado.
Te sentí fuerte, lleno de amor, con ganas de darme tu
esencia más masculina y vital. Y ahí estaba yo, totalmente vulnerable,
mostrando mi más sensible verdad de mujer, abriendo caminos para disfrutarnos
nuevamente entre los confines de la ilusión y la lejanía.
Comencé a suspirar, a palpar ese
botón que me lleva cerca de tu alma, que hace que tiemble, que mi cintura se
despegue de la cama y mi cabeza se eche hacia atrás. Me encontré diciéndote “Te
Amo”. Lo repetí tantas veces que llegué a ese estado de tensión, tan dulcemente
agradable, que comencé a llorar y a sentir que, aunque no estuvieras dentro mío,
aunque no me hayas tocado, aunque no me hayas acariciado, me estremecía
completamente dejando impregnado en tu
piel mi esencia de mujer.
Me siento vacía, pero TE AMO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario