Nacer mujer es un desafío hermoso
porque sabes, desde el primer momento, que tenes la posibilidad de traer más
vida al mundo. Empatizas con la mas pequeña hormiga cuando carga esa enorme
hoja sobre su lomo, te retorces de dolor
cuando ves un niño con hambre, te enterneces con una simple palabra susurrada
en tu oído, te transportas a un lugar único con un suave beso y sentís, sentís que, cuando estas en los brazos de
alguien a quien amas, estas en tu hogar.
Es verdad, a veces creemos que podemos
con todo, que tenemos mil manos para llevar nuestros recuerdos en una valija,
nuestras experiencias en la cartera, nuestras carencias en el neceser y nuestros
anhelos en la típica bolsita de cartón, pero nos enorgullecemos de buscar, incansablemente,
ciento de veces, hasta encontrar “eso” que tanto necesitamos. No nos damos por
vencidas fácilmente porque creemos que, cuando se busca con amor y esperanza,
nada nos detiene.
Ser mujer es mucho más que cocinar
una rica comida, lavar ropa embarrada, planchar camisas a media noche, cuidar a
tu familia, escuchar a tus amigos , abrazar a tus hijos, embellecerse a base de
miles de cremas, soportar cambios de humor a base de hormonas incontrolables,
trabajar arduamente hasta que no puedas más. Ser mujer también es decir: “No
puedo. ¿Me ayudas?”, “No lo sé, ¿Me enseñas?”, “Abrazame”, “Te extraño”, “Te
necesito”, “Te Quiero”, “Te amo” sin que se te quiebre la voz y el orgullo en
pedacitos…
Ser mujer es sinónimo de vivir enamorada de la vida y de una misma
porque somos como un pequeño, suave, esponjoso y dulce pastel espolvoreado de
virtudes y defectos.
Feliz Día Mujeres!
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