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martes, 6 de marzo de 2012

La lluvia, la vida.


Me dispongo a vestir mi mejor vestido, floreado y colorido, uno de mis preferidos
La ventana abierta y la lluvia constante me rejuvenece con su aire fresco.
Gotitas que caen mientras pasan decenas de autos por minuto sobre la Av. Del Libertador y vos, del otro lado del ordenador, acompañándome en esta tormentosa tarde.
Gente que corre, se moja. Paraguas rotos. Obreros que se van a su casa a tomar mate con su mujer, a ver a sus hijos luego de su primer día de clases.
Gente que ni se conoce y se amontona bajo un techo en busca de reparo, con sus manitos juntas, parados como soldaditos de plomo atrincherándose, batallando el frío.
La lluvia no para y hoy, hoy soy tus ojos, hoy te cuento que se ve desde mi ventana.
El matecito esta caliente. Esta yerba me gusta mucho, tiene "hierbas", me hace sentir que estoy en el campo, en paz,  aunque suenen mil bocinas de locos desaforados queriendo llegar a donde uno nunca sabe.
¿Tanta urgencia? ¿Tanta locura? Si siempre llegamos a donde queremos, tarde o temprano, lo logramos.
¿Que necesidad hay de aturdir?, si hablando se entiende la gente.
¿Tan importante es tu trabajo? ¿Ese trámite lo podes hacer mañana?
Claro que si, es importante ser puntual, es algo que defiendo a muerte, la puntualidad, el respeto por el tiempo propio y el ajeno pero, no es necesario exigirse más de la cuenta.
Somos humanos y el tiempo, el clima, es un interrogante habitual.
¿Y que si llegaras tarde? ¿Te perderías de algo? ¿Te dirían cosas feas?
Si el sol sigue estando en tu alma, si tu sonrisa se puede disparar con cualquier estupidez, si la vida es vida y es tuya.
Llueve, truene, salga el sol…no corras, no sirve.
Disfruta... de cada gota que cae, de la brisa en tu cara y sentí, una y mil veces lo hermoso que es vivir.

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